Qué bien dormimos, parecía mentira que el día anterior hubiéramos estado en el desierto… quedaba tan lejos… pero la realidad era esa… ya era un nuevo día, 30 de Septiembre de 2008, Martes, y estábamos dejando atrás aquello que durante tanto tiempo habíamos estado preparando, lo que era el viaje en sí. Parecía que todo se estaba acabando. Pero no era así, todavía quedaban días de los que disfrutar.
El desayuno, en Los Jardines de Ouarzazate, estilo buffet estaba bien, aunque había que seguir espantando a los gatos… la mañana fue muy bonita, paramos en el centro de Ouarzazate pare dar un paseo, luego fuimos hasta la Kasbah de Ait Benhaddou, el camino es precioso y la Kabbah de película. Al volver sobre nuestros pasos vimos un segundo accidente, un taxista se había llevado por delante a un pobre chaval que iba en moto y estaba tirado en el suelo, espero que inconsciente únicamente, pero el mal sabor de boca todavía dura. Siguiendo el camino, los pueblos del Atlas son preciosos y la gente encantadora. Cuando empiezas a bajar es IMPRESIONANTE, los desfiladeros y las crestas de las montañas… y los taxistas como kamikazes adelantándote en sitios imposibles… ufff. Cruzamos varios pueblos con Mercado, qué bullicio, qué de burros :)
Así poco a poco, llegamos a Marrakech, de nuevo la Ciudad Loca, que pereza… nos fuimos en cuanto pudimos, casi sin poner el pie en el suelo más que para pedir indicaciones. Al salir de Marrakech vimos nuestro tercero y último accidente, entre un todo terreno y un autobús, peacho de galleta. Al cabo de dos horas más o menos estábamos en Essaouria… pero cansados. Aparcamos en el puerto, el listo del guarda nos vio despistados y nos clavó dos tickets por una noche… pero en como en realidad íbamos a estar dos, en paz.
Al bajar del coche ya el ambiente cambió… SÍ! había turistas y NO! No eran perseguidos por todas las esquinas, aquello prometía!! :) Debía ser la hora de los rezos porque por todos los megáfonos dispuestos alrededor del paseo marítimo se oían las "canciones" que ambientaban el lugar. Estaba anocheciendo y el cielo un poco nublado se teñía de naranjas y ocres. Qué gozada. En la primera calle había un hotel y allí nos quedamos… no nos apetecía otra cosa que descansar en una de las terracitas que salpicaban el paseo tomando unas cocas. Es una gozada perderse por las oscuras callejuelas de la medina, que están perfectamente organizabas no como en el zoco tradicional. Acabamos cenando en un italiano que gusto!
La noche fue un poco dura porque en el edificio de a lado, en la terraza de encia del edificio tenía una discoteca que metía bastante bulla, claro, era el último día de ramadán.





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