Nos levantamos en aquel castillo el 27 de noviembre de 2008, Sábado. Por la mañana, de día, la Kasbah de Ben Moro era aún más bonita. Una pasada. Construida aparentemente de barro y paja, adobe, o como se llame. Disfrutamos de un nuevo opíparo desayuno con los huesos descansados. Tras la Kabbah se levanta un palmeral increíble, y esta vez si, el día acompañaba. Es una gozada pasearse entre las huertas salpicadas de palmeras datileras. Llegamos, tras rechazar a múltiples guías, a un río tras el cual se levantaba una verdadera Kabbah habitada, una maravilla. Tras pasar un rato más paseando entre las luces y sombras, entre sembrados y palmeras, decidimos dirigirnos hacia las gargantas del Dades.
Es difícil describir estos pasajes tanto en Dades como en el resto del viaje, son tan diferentes tan impactantes e impresionantes… la carretera discurre por las laderas de la garganta de tal manera que vas entre los muros marrones de la misma con un precioso palmeral a uno de los lados. Las laderas van variando en formas y tonos ahora lisas ahora como cuchillos, ahora como nubes de algodón, es impactante como la roca va cambiando de formas, no puedes dejar de mirar aquellas líneas. Una pasada.
Sobre el planning íbamos a llegar a Dades "mañana por la noche" por lo que teníamos apalabrado una habitación en un albergue de las gargantas, sin embargo, estábamos en la puerta a eso de las 11:30 de la mañana y decidimos seguir sobre la marcha aprovechando las horas de luz. Así que seguimos adelante por la garganta hasta subir un pequeño puerto donde la carretera serpentea como una culebra con curvas de 180 grados, arriba, en un mirador impresionante hay un bar con terraza. Qué gozada, tranquilidad, vistas, un poco de música y dos Cocas… que mas se puede pedir? Creo que nunca habíamos disfrutado tanto de una Coca. Después de un rato, de parar a comer y de intentar parar en alguno de los pueblos del camino, que al no ser tan turísticos no es tan pesado… llegamos a las gargantas de Todra.
A nuestros pies, a bastantes metros bajo nuestros pies se extiende un gran oasis, completamente verde que termina bruscamente en los naranjas de las casas y de las paredes de la garganta. Para entrar en lo profundo de las gargantas hay que dejar el vergel y seguir el camino, todo empieza a ser más árido, las paredes crecen y se hacen gigantescas. Es bonito, muy bonito, pero si tuviera que elegir, me quedo con Dades. La espectacularidad de los acantilados estaba mermada tras nuestras aventuras por el alto Atlas, pocos acantilado pueden sorprendernos después de aquello, y respecto al oasis, el de Dades nos pareció mucho más bonito. Los pueblitos del camino de Dades mucho más cuidados y auténticos. En Todra todo parece más comercial y más turístico. Llegamos a un punto donde se termina la carretera y comienza la pista pero como nos informaron, en días anteriores había llovido mucho y era un barrizal, por lo que no nos aconsejaban adentrarnos por allí con un turismo, así que dimos media vuelta y se empezó a hacer de noche. Anochece prontísimo, es una lástima, pero también amanece prontísimo y se desaprovechan muchas horas de luz, para ellos mejor claro, como decía era Ramadán y en Ramadán no pueden ni comer ni beber de día, así que, cuanto menos tiempo dure el día mejor. Como decía, se hizo de noche y buscamos alojamiento, la Kasbbah …. Para cenar tajin de carne de vaca y couscous de verduras… El couscus estaba aceptable pero el tajin… bueno, hemos comido cosas mejores. Como al día siguiente queríamos aprovechar las horas de sol de la mañana, preguntamos en el hotel si era posible desayunar a las 6 de la mañana, no tuvimos problema porque esa noche era la Fiesta, bueno, la primera de las dos fiestas que hacen en Ramadán y por lo tanto se quedarían despiertos hasta muy tarde, hasta las 5 o más.
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